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Aprecio mucho y quiero a las monjas, y siempre digo que es lo mejor que tenemos con sus dispensarios, hospitales, orfanatos, leproserías, escuelas, su presencia en todo el mundo con su sonrisa y su entrega al trabajo más abnegado del mundo en nombre de Jesús. Por eso me duele el tratamiento que les está dando el Vaticano a las religiosas de los Estados Unidos. En España esta noticia apenas se conoce, y casi parece silenciada por medios de información católicos que desde luego la saben. El semanario católico inglés “The Tablet” hadedicado su editorial del 28 de abril a esta actitud que justamente critica bajo este título en portada: “Entregaron sus vidas a Dios; están dedicadas al servicio de los pobres; el Vaticano dice que son dignas de alabanza. Sin embargo ahora cae sobre ellas la ira de Roma.” Esta es la editorial:
“La Congregación para la Defensa de la Fe (CDF) ha investigado las actividades de la organización que representa a la gran mayoría de las religiosas en los Estados Unidos, y no le ha gustado lo que ha visto. En consecuencia, le ha pedido a la Conferencia de Superioras de Religiosas que acepte una detallada investigación sobre sus actividades para volver a ponerlas en línea con las enseñanzas y la política de la Iglesia. Aproximadamente nueve de diez de las más de 50.000 monjas en América están en comunidades afiliadas a la Conferencia, que está reconocida por el Vaticano pero que ahora está en peligro de perder su reconocimiento. Se acusa a la Conferencia de tener una agenda radicalmente feminista, y sus actividades inaceptables incluyen dar curso a opiniones consideradas contrarias a la doctrina de la Iglesia, como la ordenación de mujeres, el tratamiento de homosexuales, o los anticonceptivos.
La verdad es que la discusión de tales opiniones es solo una pequeña parte de las actividades de la Conferencia, que esas opiniones no son su política oficial sino solo el punto de vista de algunas de sus miembros, y que muchas monjas afiliadas tampoco están de acuerdo con ellas. También es verdad que las autoridades de la Conferencia han parecido dispuestas a arriesgar o aun provocar una reacción de las autoridades eclesiásticas. Críticas más reservadas podrían quizá a veces haber sido más prudentes.
Pero todo esto no quiere decir que la reacción de la CDF haya sido apropiada. Con su habitual indiferencia hacia relaciones públicas, el Vaticano ha enfurecido a grandes sectores de católicos americanos que tienen en la más alta estima a las religiosas, y no solo por su magnífico trabajo en el área de la salud, la educación, y la ayuda a los pobres y necesitados.
Nuestras religiosas son la gloria de la Iglesia Católica Americana. Las monjas, a diferencia de los obispos, no han quedado salpicadas por el escándalo del abuso de niños y los consiguientes encubrimientos. La Conferencia ha tendido a reaccionar de manera diferente a los obispos en varios puntos de la reforma del sistema de salud propuesta por el Presidente Obama (que incluye anticonceptivos, homosexualidad, y aborto) quizá porque están más cerca de la gente a quien esto afecta más. Pero ellas no son tropas de asalto. Son religiosas que han dedicado sus vidas a la oración y a las obras de misericordia. Las monjas no tienen oficio de predicar, ni obligación de actuar como agentes o abogados a favor de los obispos en temas de política pública. Esto puede haber animado a la Conferencia a sentir que era libre para cuestionar la política oficial de la Iglesia. Si esa política oficial estuviera sólidamente fundada, la jerarquía no tendría nada que temer. En cambio, recurrir a pura disciplina puede parecer un intento desesperado para defender una posición débil. Puede incluso parecer con facilidad abuso de poder.
La reforma no resultará sin el consenso de la mayoría de las hermanas. Este consenso dependerá probablemente de que se preserve un foro en el cual dudas en conciencia sobre política eclesiástica se puedan proponer y discutir responsablemente – sea que a las autoridades les guste esto o no. Cerrar la tapa de golpe y atornillarla sin dejar al menos una tal válvula de escape sería exponerse a una explosión.”
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